«El drama» – Reseña de la película

Hay películas que se ven, se comentan un rato y se evaporan. Y luego están las que se te quedan pegadas como una espina. El Drama entra en esa segunda categoría. Kristoffer Borgli toma una premisa que, en manos menos ambiciosas, habría sido una simple historia de crisis prematrimonial, y la retuerce hasta convertirla en una experiencia rara, elegante y emocionalmente incómoda. Con Zendaya y Robert Pattinson al frente, la película se mueve entre el romance, la ironía y el colapso íntimo, y justamente por eso ha generado una recepción crítica más bien favorable, aunque lejos de ser unánime.
¿De qué trata?
La historia arranca con una pareja felizmente comprometida que está por llegar al momento más importante de su relación: la boda. Todo parece estar alineado para que esa semana sea una celebración del amor, de la complicidad y de la promesa compartida. Pero un giro inesperado hace que ese trayecto se descarrile y ponga a prueba el vínculo entre ambos. Esa es, de hecho, la base oficial de la película: una pareja al borde del altar cuya semana nupcial se sale de control cuando aparece una verdad que lo descompone todo.
Lo interesante es que El Drama no usa esa premisa como mero chisme cinematográfico. Lo que le importa no es el impacto del secreto en sí, sino el efecto corrosivo que tiene sobre la confianza, la intimidad y la imagen ideal que una pareja construye de sí misma. La película no pregunta únicamente si una relación puede sobrevivir a una revelación brutal; pregunta algo más incómodo: qué pasa cuando el amor deja de sentirse como refugio y empieza a parecer una trampa emocional. Esa es la clase de pregunta que le da filo.
¿Por qué verla?
- Porque parece una película romántica, pero en realidad es otra cosa
Parte del atractivo de El Drama está en que entra por una puerta conocida y luego cambia por completo de temperatura. Al principio parece acercarse a los códigos de una historia amorosa moderna, incluso con ese brillo de pareja ideal que el cine sabe vender tan bien. Pero pronto queda claro que la película no quiere ser cómoda ni complaciente. Lo suyo no es enamorar al espectador: es desarmarlo. A24 la presenta como una historia sobre una relación puesta a prueba, pero lo que termina ofreciendo va más allá de eso: una película que convierte la cercanía sentimental en ansiedad pura.
- Porque Zendaya y Robert Pattinson sostienen el pulso de principio a fin
Si esta película funciona, es en gran parte porque sus protagonistas entienden exactamente en qué tipo de terreno están parados. Zendaya y Robert Pattinson no interpretan personajes diseñados para caer bien de inmediato, sino figuras emocionalmente astilladas, ambiguas y por momentos imposibles de descifrar. Su química no se construye desde la ternura tradicional, sino desde la tensión, el desconcierto y la sensación de que algo está rompiéndose frente a nosotros. Buena parte de la conversación crítica alrededor de la cinta ha destacado precisamente eso: que ambos elevan el material y convierten una premisa potencialmente absurda en algo hipnótico.
- Porque es cine que sí deja conversación
Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos. El Drama no. Esta es de esas cintas que siguen vivas en la plática de salida, en el mensaje que mandas después, en la discusión sobre si te fascinó o te desesperó. Que haya críticas entusiastas y otras mucho más frías no es un defecto menor: es la señal de que no estamos frente a una obra domesticada. No busca agradar a todos. Busca provocar una reacción. Y eso, en una cartelera repleta de productos intercambiables, ya es una virtud enorme.
Actuaciones
Si El Drama no se desmorona bajo el peso de su propia incomodidad, es por Zendaya y Robert Pattinson. Los dos entienden que esta no es una película de grandes estallidos melodramáticos, sino de fracturas internas, silencios raros y emociones que se van pudriendo por dentro. Por eso sus interpretaciones no buscan caer bien ni ser “bonitas”: están construidas desde la tensión. Rotten Tomatoes, de hecho, resume buena parte del consenso crítico al señalar que la película sostiene su cuerda floja tonal gracias a actuaciones que figuran entre lo mejor de la carrera de ambos.
Zendaya juega quizá la parte más difícil. Su trabajo no depende tanto de explicar al personaje con diálogos, sino de dejar ver un mundo emocional roto a través del cuerpo, de la mirada y de pequeñas variaciones en el gesto. En la reseña de RogerEbert.com se destaca justo eso: una interpretación más interior, donde comunica culpa, fragilidad y conflicto sin verbalizarlo de forma obvia. Esa cualidad le da a su personaje una presencia inquietante, porque nunca termina de volverse transparente del todo.
Pattinson, por su parte, trabaja desde otro registro, pero igual de efectivo. Lo suyo es el derrumbe gradual: hace visible cómo un hombre que creía tener una vida perfectamente armada empieza a quedarse sin suelo emocional. No necesita sobreactuar para transmitirlo. Le basta con ir tensando la voz, el cuerpo y la incomodidad hasta que el personaje parece vivir en estado de alerta permanente. El resultado es una química muy particular entre ambos: no una química dulce ni romántica en el sentido tradicional, sino una conexión rota, nerviosa y absorbente que sostiene casi toda la película. Esa dupla ha sido uno de los puntos más celebrados por la crítica y también por la audiencia recopilada en Rotten Tomatoes.
También vale la pena mencionar que los secundarios, especialmente Alana Haim y Mamoudou Athie, ayudan a que la película no se encierre por completo en su propia burbuja de malestar. Funcionan como presencia, contraste y detonante dentro de una historia donde cada conversación parece poder salirse de control en cualquier momento. No roban foco, pero sí ayudan a que el incendio emocional tenga más oxígeno.
Tono y estructura
Kristoffer Borgli dirige la película como si quisiera incomodar al espectador sin levantar demasiado la voz. No necesita grandes estallidos para generar tensión. Le basta con silencios largos, gestos torcidos, escenas que comienzan normales y terminan sintiéndose venenosas. El tono de El Drama vive justo en esa frontera donde la comedia romántica empieza a pudrirse desde adentro. Y ese es, probablemente, su rasgo más distintivo. No se conforma con contar una crisis amorosa: la convierte en una experiencia de desgaste.
La estructura también le ayuda mucho. En lugar de apoyarse por completo en una sola sorpresa, la película trabaja mejor cuando deja que el malestar se expanda poco a poco. No busca un gran susto emocional, sino una sensación sostenida de incomodidad. Como espectador, uno no siente que está esperando “el giro”, sino viendo cómo una relación pierde oxígeno escena por escena. Ese manejo del ritmo le da una personalidad extraña, casi enfermiza, pero también muy efectiva. La película no siempre encuentra el equilibrio perfecto entre sus registros, pero cuando acierta, acierta de verdad. Esa cualidad intermedia y divisiva también aparece reflejada en el tono de varias reseñas recogidas por Rotten Tomatoes.
Guion, música, atmósfera y fotografía
El libreto de Borgli tiene una cualidad muy clara: no quiere tranquilizar al público. No le interesa ordenar moralmente el conflicto ni repartir culpas de manera didáctica. Prefiere quedarse en la zona turbia, en ese espacio incómodo donde el amor y el juicio moral empiezan a chocar entre sí. Eso vuelve a la película mucho más interesante que una simple historia sobre una pareja en crisis. También explica por qué no conectará igual con todo el mundo: su apuesta no es cerrar heridas, sino abrirlas más. El Drama funciona mejor cuando acepta su propia incomodidad y la convierte en lenguaje.
La música de Daniel Pemberton ayuda a que la película nunca repose del todo. Más que acompañar la emoción, la banda sonora parece desajustarla. Hay algo en su diseño sonoro que le quita aire a las escenas y vuelve sospechoso incluso lo más íntimo. En una película como esta, eso importa mucho: la música no adorna, sino que contamina, tensiona y remarca que bajo la superficie romántica hay algo profundamente roto. Daniel Pemberton aparece acreditado como compositor principal del filme.
Visualmente, El Drama está construida para sentirse cerca y, al mismo tiempo, incómoda. La fotografía de Arseni Khachaturan no embellece la intimidad; la vuelve opresiva. Hay una sensación constante de proximidad que no transmite calidez, sino amenaza. La cámara observa a los personajes como si supiera que el derrumbe ya empezó, aunque ellos todavía intenten sostener una apariencia de normalidad. Esa atmósfera es una de las grandes armas de la película: no necesita subrayar todo porque el encuadre y el silencio ya están haciendo buena parte del trabajo. Arseni Khachaturan figura acreditado como director de fotografía.
En conclusión…
El Drama no es una película bonita en el sentido tradicional. Tampoco quiere serlo. Lo suyo es poner una historia de amor bajo una luz incómoda y dejar que el espectador vea cómo las grietas se vuelven imposibles de ignorar. Kristoffer Borgli firma una cinta rara, filosa y emocionalmente incómoda, sostenida por dos protagonistas que entienden muy bien el veneno de la propuesta. No todo en ella es redondo, pero sí tiene algo que muchas producciones recientes han perdido: riesgo, textura y una voz propia. Por eso vale la pena verla. No porque sea perfecta, sino porque se atreve a ser incómoda cuando sería mucho más fácil ser complaciente.
Lo bueno
- Zendaya y Robert Pattinson cargan la película con una química rara, nerviosa y muy absorbente.
- Tiene una identidad tonal poco común: romance, incomodidad, ironía y colapso emocional en la misma mezcla.
- La atmósfera está muy bien trabajada y convierte escenas cotidianas en momentos de tensión.
- No se siente como un producto genérico: tiene intención autoral y personalidad.
- Es de esas películas que dejan tema de conversación incluso cuando no convencen por completo.
Lo malo
- Su apuesta puede resultarle excesiva o frustrante a parte del público.
- No siempre logra equilibrar con la misma precisión el humor negro y el drama íntimo.
- Hay tramos donde la idea central pesa más que el desarrollo de todas sus implicaciones emocionales.
- No es una película pensada para quien busque romance clásico o una experiencia fácil de digerir.
Ficha técnica
Director: Kristoffer Borgli.
Año: 2026.
Duración: 105 minutos.
Guion: Kristoffer Borgli.
Fotografía: Arseni Khachaturan.
Música: Daniel Pemberton.
Elenco: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie.
Distribuidora: A24 / Diamond Films.
Fecha de estreno: 9 de abril de 2026.
Calificación
100 - 80%
80%
El Drama es una película incómoda, elegante y emocionalmente filosa que encuentra su mayor fuerza en el riesgo que asume y en las actuaciones de Zendaya y Robert Pattinson. No siempre es fácil de digerir ni busca complacer a todo el mundo, pero justamente ahí está su valor: en atreverse a convertir una historia de amor en una herida abierta que sigue resonando incluso después de terminar.




