«El ritual del nahual» – Reseña de la película

Hay películas de terror que quieren asustarte con un golpe de sonido. Otras, más interesantes, prefieren quedarse detrás de ti, respirarte en la nuca y hacerte sentir que algo antiguo despertó antes de que llegaras a la sala. El ritual del Nahual pertenece a esa segunda familia: no es una película perfecta, pero sí una de esas propuestas mexicanas que vale la pena mirar porque entiende que nuestras leyendas no necesitan disfrazarse de Hollywood para provocar miedo.
La ópera prima de Carlos Matienzo Serment toma una figura profundamente enraizada en el imaginario mexicano —el nahual— y la convierte en algo más que un monstruo: una presencia moral, una amenaza espiritual y, sobre todo, una pregunta incómoda sobre la justicia cuando las instituciones no alcanzan. En tiempos donde el terror suele repetirse entre posesiones, casas embrujadas y fórmulas importadas, esta película se atreve a mirar hacia el bosque, hacia la tradición oral y hacia esa clase de miedo que muchos escuchamos de niños cuando alguien decía: “no salgas de noche”.
¿Por qué ver El ritual del Nahual?
Porque es una película mexicana de terror que apuesta por una identidad propia. El ritual del Nahual no busca competir desde el exceso, sino desde la atmósfera: niebla, veladoras, caminos rurales, silencios largos, cuerpos heridos, superstición, lengua tének y una criatura que funciona como castigo, símbolo y herida abierta.
Lo más valioso de la cinta está en su intención: recuperar el folk horror desde México, no como postal exótica, sino como una forma de hablar del miedo comunitario, de la violencia, de la fe y de aquello que permanece vivo en las historias que pasan de generación en generación. Es una película que se siente pequeña en escala, pero grande en ambición cultural.
No es el tipo de terror que vive únicamente del susto fácil. Su mejor arma es la sensación de que el bosque tiene memoria, de que cada personaje oculta algo y de que el monstruo no aparece solo para atacar, sino para juzgar.
¿De qué trata El ritual del Nahual?
La historia se sitúa en los bosques de San Luis Potosí, donde Gabriel, un forajido herido, es rescatado por dos curanderas en una comunidad dominada por el miedo. Al mismo tiempo, Vicente del Parral, un agente federal, llega para investigar una serie de crímenes brutales contra niños, cuyos cuerpos aparecen marcados por una violencia que parece ir más allá de lo humano.
A partir de ahí, la película avanza entre dos caminos: el del thriller policial y el del terror sobrenatural. Por un lado, está la investigación, con su lógica de pistas, sospechas y silencios. Por el otro, está el mito: una fuerza antigua, entre lo humano y lo animal, que se mueve en la oscuridad como si respondiera a leyes más viejas que cualquier código penal.
La película no solo pregunta quién está detrás de los crímenes. También pregunta qué ocurre cuando una comunidad deja de confiar en la justicia humana y empieza a creer en una justicia más salvaje, más sagrada y más terrible.
Una película de terror mexicana con alma de leyenda
Lo mejor de El ritual del Nahual es que comprende el poder de la sugerencia. Cuando la cinta se concentra en el ambiente, en los rostros, en los sonidos del bosque y en la sensación de encierro rural, alcanza sus momentos más fuertes. Hay una cualidad casi oral en su forma de construir el miedo: parece una historia contada en voz baja, cerca de una fogata, con alguien advirtiéndote que no mires demasiado hacia los árboles.
El nahual funciona aquí como criatura, sí, pero también como metáfora. No es solo “el monstruo de la película”; es el eco de una cosmovisión, una figura que mezcla protección, castigo, transformación y frontera. Eso le da a la cinta una textura diferente dentro del terror mexicano reciente: se siente conectada con algo local, con un imaginario que no ha sido explotado lo suficiente en pantalla grande.
Y ahí está su gancho emocional: El ritual del Nahual no da miedo solo por lo que muestra, sino por lo que despierta. Nos recuerda esas leyendas que de niños parecían exageraciones de los abuelos, hasta que uno crecía y entendía que, en el fondo, hablaban de peligros muy reales.
Actuaciones:
El reparto es uno de los puntos que sostiene la película incluso cuando el guion tropieza. Gerardo Oñate interpreta a Gabriel con una desesperación convincente: su personaje transmite confusión, culpa y paranoia, como alguien que no solo huye de otros hombres, sino también de algo que no puede explicar.
Alejandra Herrera, como Isabel, aporta una presencia contenida y enigmática. Su personaje no necesita decir demasiado para sugerir que sabe más de lo que revela. En ella hay una conexión interesante con lo ritual, con la tierra y con el secreto.
Caraly Sánchez, como Teresa, refuerza esa atmósfera de misterio desde una energía más fría, casi impenetrable. Su presencia ayuda a que el lado sobrenatural no se sienta como adorno, sino como parte de una tradición que los personajes habitan de manera natural.
Por su parte, Gerardo Trejoluna le da al agente Vicente del Parral un aire de investigador cansado, de hombre que intenta aplicar lógica donde la lógica empieza a deshacerse. Su personaje funciona como puente para el espectador: entra al pueblo buscando respuestas racionales, pero termina frente a una verdad que no cabe en un expediente.
Tono y estructura:
La película encuentra su identidad cuando mezcla el misterio policial con el terror folclórico. Esa combinación es atractiva porque permite que el horror avance poco a poco: primero como rumor, luego como amenaza, después como revelación.
Su estructura es sencilla, pero efectiva en intención. Alterna entre la investigación de Vicente y el encierro de Gabriel, creando una tensión paralela que empuja la historia hacia un territorio cada vez más oscuro. Cuando funciona, la película se siente como un cuento macabro con forma de thriller rural.
El problema es que no siempre mantiene el mismo pulso. Hay tramos donde el ritmo se siente irregular y ciertas escenas parecen pedir más pausa, más respiración, más inquietud. La cinta tiene imágenes potentes y una criatura llamativa, pero en algunos momentos el guion parece avanzar más rápido de lo que su atmósfera necesita.
Aun así, sus 80 minutos juegan a favor. No se siente inflada ni perdida en subtramas innecesarias. Es una película breve, directa y con suficiente personalidad como para dejar una marca.
Guion:
El guion tiene una premisa muy fuerte: usar la leyenda del nahual para hablar de justicia, violencia y miedo comunitario. Esa base es lo suficientemente atractiva como para sostener el interés durante casi toda la película.
Su mayor virtud está en no reducir el mito a una simple criatura asesina. El nahual aparece como figura ambigua: amenaza, guardián, juez, castigo. Esa lectura le da una capa social y moral que eleva la película por encima del terror genérico.
Sin embargo, también hay zonas donde la historia deja huecos. Algunas motivaciones podrían sentirse más desarrolladas, ciertos giros necesitan mayor claridad y el segundo acto pierde algo de fuerza antes de recuperar energía hacia el final. La película parece confiar mucho en que el espectador acepte el universo desde la intuición, y aunque eso puede funcionar en el terror atmosférico, también deja la sensación de que había más historia por explorar.
Fotografía y atmósfera:
Visualmente, El ritual del Nahual entiende muy bien dónde está su fuerza: en el bosque, en la oscuridad, en la textura de los espacios gastados, en las habitaciones iluminadas por veladoras, en las miradas cerradas y en los rincones donde algo podría estar escondido.
La fotografía de Roberto Chávez Bañuelos ayuda a que la película no se sienta limitada por su escala. Hay un uso inteligente de la penumbra y de los espacios naturales, donde el bajo presupuesto se transforma en estilo. La oscuridad no solo tapa: sugiere. Y en una película como esta, sugerir puede ser más efectivo que mostrar demasiado.
El bosque potosino no es solo escenario. Es una presencia. Observa, encierra, castiga. Es el lugar donde el crimen humano se encuentra con lo sagrado, donde la modernidad del policía choca con una ley mucho más antigua.
Música y sonido:
La música cumple una función importante: empujar la película hacia lo ritual. Cuando la banda sonora se inclina hacia lo tribal, lo percusivo y lo atmosférico, la cinta gana identidad. No se siente como música puesta para “dar miedo”, sino como una vibración que viene de la tierra, del mito y del cuerpo.
En el tercer acto, especialmente, el sonido ayuda a que la película levante. Ahí es donde la historia encuentra una energía más intensa y el horror se siente menos como amenaza lejana y más como presencia física.
En conclusión:
El ritual del Nahual vale la pena, sobre todo si te interesa el terror mexicano, el folk horror y las películas que intentan construir miedo desde la atmósfera más que desde el susto inmediato. No es una obra redonda: tiene problemas de ritmo, algunos huecos de guion y momentos donde su ambición supera su precisión narrativa. Pero también tiene algo que muchas películas más grandes no consiguen: identidad.
Es una cinta hecha desde el deseo de recuperar un miedo propio, de mirar al bosque mexicano no como fondo exótico, sino como territorio espiritual. Su mayor logro es recordarnos que las leyendas no están muertas: solo esperan el momento adecuado para volver a caminar entre nosotros.
Lo bueno
- Recupera una figura poderosa del imaginario mexicano y la lleva al cine de terror con identidad propia.
- Su atmósfera es uno de sus mayores aciertos: bosque, oscuridad, silencio y tradición funcionan muy bien.
- La fotografía aprovecha los espacios naturales y convierte la limitación presupuestal en estilo.
- El elenco sostiene el misterio con actuaciones contenidas y efectivas.
- La mezcla de thriller policial y folk horror le da personalidad frente a otras películas de terror más genéricas.
- El uso de elementos culturales, incluida la lengua tének, aporta autenticidad y textura.
- Su duración de 80 minutos evita que la historia se sienta innecesariamente alargada.
- El monstruo tiene una presencia interesante porque no es solo amenaza física, también es símbolo moral.
Lo malo
- El guion deja algunos huecos narrativos que podrían afectar la conexión emocional con ciertos personajes.
- El segundo acto tiene tropiezos de ritmo y pierde parte de la tensión inicial.
- Algunas escenas de acción o persecución rompen un poco con la atmósfera más contenida.
- La película pudo profundizar más en la mitología del nahual sin explicarla de más.
- Su propuesta puede no satisfacer a quienes buscan terror comercial lleno de jumpscares.
Ficha técnica de El ritual del Nahual
- Director: Carlos Matienzo Serment
- Año: 2026
- Duración: 80 minutos
- Guion: Gerardo Oñate y Roberto Chávez Bañuelos, basado en el cortometraje Tekenchu
- Fotografía: Roberto Chávez Bañuelos
- Música: Juan Carlos Enríquez
- Elenco: Gerardo Oñate, Alejandra Herrera, Gerardo Trejoluna, Caraly Sánchez, Sergio Gava
- Distribuidora: Cinemex Distribución
- Fecha de estreno: 7 de mayo de 2026 en México
Calificación
100 - 75%
75%
Una película imperfecta, pero valiosa; atmosférica, culturalmente potente y necesaria para seguir abriendo camino al terror mexicano de identidad propia.




