«La Guerra de los Últimos» – Reseña de la película

Ridley Scott ha construido algunos de los mundos más inolvidables del cine, por eso resulta especialmente extraño que La Guerra de los Últimos presente un escenario postapocalíptico visualmente enorme, pero emocionalmente mucho más vacío de lo que debería.
Basada en The Dog Stars, de Peter Heller, la película tiene grandes paisajes, un reparto extraordinario y momentos donde todavía puede sentirse el oficio de Scott. El problema es que entre todas esas virtudes existe una historia demasiado familiar, irregular y sorprendentemente falta de energía.
¿De qué trata La Guerra de los Últimos?
La historia ocurre en 2035, años después de que una pandemia de influenza acabara con gran parte de la población mundial. Hig, interpretado por Jacob Elordi, vive en una antigua pista de aterrizaje acompañado por su perro Jasper y por Bangley, un exmilitar interpretado por Josh Brolin.
Los dos han encontrado maneras muy diferentes de sobrevivir. Bangley ha convertido la desconfianza en una filosofía de vida y está dispuesto a eliminar prácticamente cualquier amenaza antes de descubrir sus intenciones. Hig conserva todavía algo que en este nuevo mundo puede resultar incluso más peligroso: esperanza.
Su rutina cambia cuando Hig detecta una misteriosa transmisión de radio que parece indicar que existen otros sobrevivientes. Esa señal lo impulsa a abandonar la seguridad que conoce para descubrir qué puede existir más allá de su pequeño refugio.
La premisa tiene todo para construir una poderosa historia acerca del duelo, la soledad y la necesidad de encontrar nuevamente una razón para vivir. El problema de La Guerra de los Últimos es que casi nunca consigue extraer de esas ideas toda la emoción que contienen.
¿Por qué ver La Guerra de los Últimos?
Hay razones para verla, aunque resulta importante ajustar las expectativas. Quien espere una gran película de acción postapocalíptica probablemente salga decepcionado porque la cinta está mucho más interesada en la contemplación que en el espectáculo. El problema es que tampoco profundiza lo suficiente en sus personajes como para convertirse en el gran drama íntimo que intenta ser.
Aun así, existen momentos donde la propuesta funciona. Ridley Scott sabe utilizar los paisajes para transmitir aislamiento y algunas secuencias encuentran una melancolía genuina al confrontar a Hig con un mundo inmenso donde prácticamente ya no queda nadie.
También resulta interesante como una especie de homenaje al cine de géneros clásicos. Scott toma elementos del western, la road movie, el thriller de supervivencia y el cine postapocalíptico para construir su historia. Hay hombres armados defendiendo territorios, enormes horizontes, un protagonista viajando hacia lo desconocido y comunidades que funcionan como pequeños pueblos fronterizos.
Los cinéfilos seguramente encontrarán momentos que amar en esa dimensión de la película, especialmente cuando Scott permite que una imagen y un paisaje hablen por sí mismos. Sin embargo, reconocer las influencias de una película no significa que ésta consiga estar a la altura de ellas. La Guerra de los Últimos recuerda constantemente a otras historias y, demasiadas veces, esas comparaciones terminan jugando en su contra.
Actuaciones
Jacob Elordi funciona mejor cuando Hig puede expresarse mediante silencios y miradas que cuando el guion intenta explicar su dolor. Tiene la vulnerabilidad necesaria para sostener al protagonista, pero el personaje carece de la profundidad suficiente para que su viaje emocional golpee con toda la fuerza que debería.
Josh Brolin es quien más destaca del reparto. Su Bangley tiene dureza, humor seco y personalidad, convirtiéndose en una de las pocas fuentes constantes de energía de la película. La dinámica entre él y Elordi funciona especialmente bien y habría sido interesante que la historia profundizara mucho más en esa relación.
Margaret Qualley y Guy Pearce cumplen con solvencia, pero ambos sufren el mismo problema: personajes que prometen más de lo que el guion termina desarrollando. El reparto es bueno; la película simplemente no siempre sabe aprovecharlo.
Tono
Aquí aparece uno de los principales problemas de La Guerra de los Últimos. La película quiere ser muchas cosas al mismo tiempo, pero no siempre consigue que todas pertenezcan al mismo relato.
Durante buena parte de su duración funciona como un drama contemplativo sobre duelo y supervivencia. Después aparecen momentos de acción, elementos de western e incluso un giro hacia terrenos cercanos al horror y al humor macabro que resulta sorprendentemente brusco.
Experimentar con géneros no tendría por qué ser un defecto. Ridley Scott lleva décadas moviéndose entre ciencia ficción, thriller, épica histórica y terror. El problema es que aquí los cambios parecen menos una evolución natural de la historia y más fragmentos de películas diferentes pegados dentro de la misma cinta.
Hay momentos donde la tranquilidad funciona porque transmite la monotonía de estar vivo después del fin del mundo. Pero también existen muchos otros donde esa tranquilidad simplemente se convierte en falta de energía.
La diferencia entre contemplación y aburrimiento puede ser muy pequeña, y La Guerra de los Últimos cruza esa frontera demasiadas veces.
Estructura
La estructura episódica tampoco ayuda. La película comienza presentando la convivencia entre Hig y Bangley, después introduce el viaje hacia otros sobrevivientes y poco a poco agrega diferentes amenazas, relaciones y comunidades.
Sobre el papel, esa estructura podría funcionar perfectamente como una road movie postapocalíptica. Cada etapa del recorrido debería revelar algo nuevo acerca de Hig y modificar su manera de comprender el mundo. En pantalla, sin embargo, muchos episodios parecen existir de manera relativamente independiente.
La consecuencia es una película que avanza sin generar suficiente sensación de progresión. Hig se mueve físicamente, pero emocionalmente el personaje parece permanecer durante demasiado tiempo en el mismo sitio.
También existe un problema de tensión. Para una historia situada en un planeta prácticamente vacío y lleno de amenazas, sorprende lo poco peligroso que puede sentirse el viaje durante largos periodos. Cuando finalmente aparecen las grandes secuencias de acción, Scott demuestra que todavía sabe filmarlas, pero llegan demasiado tarde y duran demasiado poco para transformar la experiencia.
El último tramo intenta compensar esta falta de intensidad introduciendo situaciones mucho más extremas. En lugar de revitalizar la cinta, el cambio termina haciendo evidente lo irregular que había sido todo lo anterior.
Guion
El mayor problema de La Guerra de los Últimos está probablemente en su guion. La historia contiene ideas potencialmente poderosas sobre la muerte, el aislamiento, la culpa, la esperanza y la necesidad humana de conectar con alguien, pero casi todas quedan en la superficie.
Hig y Bangley representan dos filosofías interesantes. Uno todavía quiere creer que conservar nuestra humanidad importa; el otro considera que esa misma humanidad puede convertirse en una debilidad mortal. Ese conflicto podría haber producido discusiones morales fascinantes, pero la película apenas lo explora.
Lo mismo ocurre con el duelo de Hig. Sabemos que perdió a su esposa, entendemos que su perro representa uno de sus últimos vínculos emocionales y sabemos que busca algo más allá del horizonte. Sin embargo, el libreto confía demasiado en esos elementos como atajos emocionales en lugar de construir gradualmente una conexión con el personaje.
El resultado es paradójico: La Guerra de los Últimos quiere poner a los seres humanos por encima del espectáculo, pero sus seres humanos nunca llegan a ser suficientemente interesantes.
Además, gran parte de su mundo resulta demasiado familiar. Después de décadas de películas, series, novelas y videojuegos postapocalípticos, un relato como éste necesita encontrar una voz particularmente distintiva para destacar. Aquí aparecen comunidades aisladas, sobrevivientes violentos, ciudades abandonadas, escasez de recursos y personas intentando recuperar cierta normalidad.
Nada de eso está necesariamente mal. El problema es que hemos estado aquí muchas veces.
Y Ridley Scott debería hacernos sentir que nunca habíamos estado aquí antes.
Fotografía
Si existe una razón indiscutible para experimentar La Guerra de los Últimos en una sala de cine, es su apartado visual. Erik Messerschmidt aprovecha los enormes paisajes para reforzar la soledad de los personajes y Ridley Scott todavía sabe cómo hacer que una persona parezca diminuta frente al mundo que la rodea.
Las secuencias aéreas están entre los mejores momentos de la película. Hig recorriendo montañas, valles y kilómetros de territorio dentro de su pequeño Cessna produce imágenes que transmiten simultáneamente libertad y vacío.
Scott siempre ha sido particularmente bueno construyendo mundos a través de la imagen. Alien, Blade Runner, Gladiator, Black Hawk Down o The Martian poseen identidades visuales imposibles de separar de sus historias. Aquí todavía aparecen destellos de ese director.
El problema es precisamente que son destellos.
La película está bien fotografiada, tiene composiciones impresionantes y sabe aprovechar sus locaciones, pero pocas veces posee esa sensación de estar contemplando algo que solamente Ridley Scott podría haber imaginado.
Para una película dirigida por uno de los grandes arquitectos visuales del cine moderno, verse simplemente “bien” termina sintiéndose como una decepción.
Atmósfera
La atmósfera funciona mejor que muchos otros elementos. Scott entiende que la ausencia puede resultar mucho más inquietante que llenar cada escenario de cadáveres y destrucción.
Una carretera sin automóviles, una construcción abandonada o un avión volando durante kilómetros sin encontrar señales de vida pueden decir mucho más sobre el apocalipsis que una enorme explosión. La naturaleza continúa existiendo mientras la humanidad prácticamente desapareció, y esa contradicción produce varios de los momentos más interesantes de la película.
Hay algo genuinamente bello y triste en contemplar espacios que alguna vez estuvieron llenos de personas y que ahora existen únicamente como recuerdos de una civilización desaparecida.
Sin embargo, incluso esta atmósfera termina enfrentándose al mismo problema del resto de la cinta: la película construye muy bien un estado de ánimo, pero no siempre sabe qué hacer con él.
La melancolía funciona durante un tiempo. Cuando no existe suficiente desarrollo narrativo o emocional detrás, termina convirtiéndose en monotonía.
Música
Harry Gregson-Williams acompaña correctamente el tono melancólico mediante guitarras, cuerdas y elementos que acercan todavía más la película al western contemporáneo.
Su música funciona especialmente bien durante las secuencias de vuelo, cuando el paisaje adquiere una dimensión casi romántica a pesar de que sabemos que estamos contemplando un planeta devastado.
También es acertado que la banda sonora no intente imponer constantemente una emoción. Hay escenas donde el sonido del viento, el motor del avión o simplemente el silencio resultan más efectivos que cualquier composición.
Sin embargo, al igual que ocurre con la fotografía, estamos ante un trabajo técnicamente sólido dentro de una película que rara vez consigue convertir todos sus elementos en algo verdaderamente memorable. La música complementa el viaje, pero pocas veces consigue elevarlo.
Un homenaje al cine que funciona mejor como referencia que como resultado
Hay algo genuinamente cinéfilo dentro de La Guerra de los Últimos. Ridley Scott toma elementos del western clásico, la road movie, el cine de aventuras, el thriller y la ciencia ficción postapocalíptica para construir una película que por momentos parece deliberadamente anticuada.
Los personajes atraviesan territorios fronterizos, defienden pequeños asentamientos, observan horizontes enormes y se enfrentan a grupos que funcionan prácticamente como nuevas tribus del Viejo Oeste. Incluso el avión de Hig se convierte en una especie de caballo moderno que le permite atravesar un territorio sin ley.
Por eso los cinéfilos probablemente van a amar determinados momentos y referencias de la película. Hay encuadres, paisajes y decisiones visuales que recuerdan el poder del cine clásico de aventuras y de los grandes westerns.
Pero un homenaje necesita hacer algo más que recordar obras mejores. Ése termina siendo otro de los problemas de la cinta: sabemos perfectamente de dónde provienen muchas de sus ideas, pero cuesta identificar qué aporta ella.
Scott conoce el lenguaje del cine demasiado bien. Justamente por eso resulta frustrante verlo utilizarlo para contar una historia tan poco memorable.
En conclusión…
La Guerra de los Últimos tiene grandes imágenes, buenos actores y algunas ideas interesantes sobre la necesidad de encontrar humanidad después del apocalipsis, pero nunca consigue transformar esos elementos en una película verdaderamente poderosa.
Ridley Scott deja algunos momentos para los cinéfilos y demuestra que su mirada visual sigue intacta, pero el guion superficial, el ritmo letárgico y una identidad demasiado familiar terminan pesando más. No es un desastre, pero sí una decepción considerando quién está detrás de la cámara y todo el potencial que tenía esta historia.
Lo bueno
- La fotografía y los enormes paisajes.
- Josh Brolin y su energía como Bangley.
- Las secuencias aéreas y la atmósfera melancólica.
- Su mezcla de western y cine postapocalíptico.
- Algunos destellos del gran oficio visual de Ridley Scott.
Lo malo
-
- El ritmo es demasiado lento.
- Los personajes necesitan mayor profundidad.
- El guion desarrolla poco sus mejores ideas.
- Los cambios de tono son bruscos.
- La historia se siente demasiado familiar dentro del género.
Ficha técnica de La Guerra de los Últimos
- Director: Ridley Scott
- Título original: The Dog Stars
- Año: 2026
- Duración: 118 minutos
- Guion: Mark L. Smith, basado en la novela de Peter Heller
- Fotografía: Erik Messerschmidt
- Música: Harry Gregson-Williams
- Elenco: Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong, Allison Janney, Ewen Bremner, James Craze y Sai Bennett
- Productoras: 20th Century Studios y Scott Free Productions
- Distribuidora: Disney / 20th Century Studios
- Fecha de estreno en México: 27 de agosto de 2026
- Género: Drama, thriller, aventura y ciencia ficción postapocalíptica
Calificación
100 - 55%
55%
Una película visualmente atractiva y ocasionalmente emotiva que, como sus protagonistas, consigue sobrevivir, pero rara vez parece estar realmente viva.




